Un cuento es un espejo roto: una colección de imágenes sueltas y momentos suspendidos que, si sabemos ensamblar, termina devolviendo una imagen completa.
Este laboratorio es un espacio de trabajo práctico, de lectura directa y carpintería narrativa. La idea no es enredarnos en teoría, sino meterle mano a las historias para entender cómo se sostienen por dentro y cómo hacer que cada una alcance su fuerza.